lunes, 11 de abril de 2016

Hay que desvestir los géneros, quitarle los senderos previsibles. Arrojarse al vacío de la realidad tangible y explotar en el instante.
Besarse con el aroma de un poema de Bertolt Brecht y esquivar las telarañas de un mundo partido en mil pedazos.
Cada golpe de viento en alguna casa de Santiago del Estero es como el mar. Esperemos el viento.
La sangre de los recuerdos deshilachados, las lágrimas de la pasión en la oscuridad de un cine será la esquina donde terminan los ojos que asfixian la noche.
La gente que todo lo ve no podrá distinguirnos.
Un piano comenzara a llorar como los años cansados de un boxeador.
Ella se fue, yo también.
Tan fuera de tiempo. Tanto sexo sin deseo.
Hay que escarbar en los bolsillos ese último centavo que nos regala la sonrisa matutina y volar.

No hay comentarios: