miércoles, 17 de diciembre de 2014

Es la hora de huir.
La risa se pierde en el recipiente  de sal y azúcar y no da ninguna señal.
En ese infinito instante, los cordones se desatan, me invitan a caminar en el abandono.
Me detengo en la lluvia.
Corro a velocidad en la lluvia.
Y mientras bebo el café del despertar y me pierdo en tus trazoslapiceras , me dejo deslizar en tus hojas desparramadas en el suelo sin fin.
A veces quiero quedarme conmigo y otras deslizarme en el  adiós de mis cosechas más anheladas. Pero ya me conoces, como diría John: “Soy un perdedor y no lo que aparento ser”.
Si todo el mundo comprendiera eso, el mundo se exiliaría de mí.
Hay que guardar el secreto.
Hay que huir.
Sacarme el traje de mujeres,
tan reales, tan fantasmas,
tan ficciones.
 Y quedar desnudo.
Aunque ese despojo, signifique perder esa mujercordillera que me gusta escalar pese al vértigo en mis venas.
Es la hora de huir.
La cama sin fiebre, pero con tus sabanasamistad, no alcanza para ignorar la cicatriz que crece en mi pecho.
Me pone triste el mar al que nunca vi, pero aún más sentir en la noche a la sirenaluna de espalda. Y en ese no movimiento, el desamor más profundo atropella mis huesos.
Irme es estar más cerca de ti.
No hay dudas, hay que huir.
Con los bolsillos llenos de utopías, de sed insaciable,
con todo y sin nada, hay que huir.
Y sin pensar en demasía, a la intemperie de la multitud,  me desato…



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