domingo, 19 de febrero de 2012

Vivir en el ayer

Las manos caen al escuchar la voz, preñada de puñales.

“Los ojos de pájara miran detenidamente a otros cuerpos naciendo de crepúsculo clítoris”.

Las sabanas desordenadas de fiebre, desprenden el asesinato, con certera puntería.

Todo fue tan imprevisto, como los aullidos de perros de una noche de sangre.

Viene aquí me padre sonriendo, mi madre el rostro de la muerte.

Preparan el cofre de las cenizas de una promesa que es devorada por la verdad sin ropa.

No comprendo.

Me echo ha andar en la semilla de las primaveras huérfanas de las madrugadas.

Y muero.

1 comentario:

Celeste Luna dijo...

Me gusta entrar aqui y leer sus letras sentipensantes (en voz de Galeano)
Aquí hay un corazón, entregado a la bendición de la muerte... para luego renacer.

Un abrazo Infinito...